Carta a un amigo que sufre

Querido amigo,

Sé que has recibido muchas condolencias. Ha habido suficientes llamadas, mensajes de texto, abrazos y pequeñas tarjetas. Sé que los mensajes seguirán apareciendo cada vez que otra persona reconozca el gran agujero que te ha dejado esta pérdida. Sé que seguirás aceptando el cariño y amabilidad, una y otra vez. También sé que ninguna palabra será suficiente.

La muerte es incomprensible. El dolor es inesperado, horrible e inconmensurable.

No creo que la mente humana sea realmente capaz de comprender la repentina pérdida de un ser querido. Nunca poder hablar, ver o sostener a otra persona es un pensamiento irreconocible. Pasamos toda nuestra vida ignorando el potencial de esta realidad hasta que nos enfrenta. Y cuando lo hace, es tan impactante que no se siente real. ¿Cómo podría hacerlo? Sabes que estas cosas pasan, pero le pasan a otras personas, ¿verdad? No te suceden hasta que te suceden.

Te vistes de luto y avanzas en piloto automático, como si fueras el personaje de una película. Ves al actor planear los arreglos del funeral, revisar las fotos antiguas y abrazar a tus amigos y familiares con los ojos llenos de lágrimas. Realmente odias la película, pero no sabes cómo apagarla, no importa cuántas veces lo intentes.

Esta pérdida roba recuerdos, momentos y expectativas de toda una vida. Aquello que estuvimos reuniendo cuidadosamente en nuestras mentes. Roba bailes de boda, asientos de graduación, consejos muy necesarios, risas perfectamente sincronizadas, cálidos abrazos y brazos envueltos en bebés que merecen conocer a toda su familia. Puede robarlo todo.

La muerte puede acabar con una vida que a nuestros ojos aún no concluía. Es injusto. Hay tantas preguntas sin respuesta sobre por qué les suceden cosas malas a las personas buenas. Hay una enorme cantidad de sentimientos y emociones que superar y, a menudo, las cicatrices de esas batallas nunca desaparecen.

Quiero que sepas que lo entiendo. Todos los que te aman lo entienden. Todos los que han pasado por esto comprenden aún más.

Está bien no tener fuerza. Puedes enojarte. Está bien sentirse engañado y traicionado. Está bien estar devastado también. Está bien estar roto. Está bien tomarse su tiempo. Está bien cuestionar todo. Está bien llorar, gritar, y encerrarte en tu habitación cuando lo necesites. Está bien no dejar de sentir esa tristeza de muchas formas.

Lo más difícil de comprender es que también está bien volver a encontrar la alegría. Es normal sentirse culpable a medida que avanza la vida, y a medida que avanzas tú.

Todo el mundo sufre de manera diferente. El dolor es tan único y complicado como las personas que lo cargan en sus almas.

Siempre habrá días buenos y días malos. Habrá momentos en los que te sentirás fuerte y tolerante, y otros en los que simplemente no lo harás.

Si estás leyendo esto y te sientes solo, confundido o injustificado, quiero recordarte que no es así. Hay mucha gente que quiere acompañarte, que está ahí contigo. Algunos sufren contigo, otros por ti, y unos más, a tu lado.

No importa si han pasado 7 días o 7 años, estamos aquí para ti.

Estamos aquí para cuidarte desde la distancia. Estamos aquí para mantenerte a flote y para sumergirnos contigo. No dejaremos que te sientas solo.

Para todos los que han perdido a alguien demasiado pronto, sepan que no están solos en su lucha en esta vida. La pérdida ocurre con más frecuencia de lo que creemos, y estamos rodeados de salvavidas que están listos para intervenir cuando los necesitemos.

No existe dolor lo suficientemente fuerte, que no pueda ser compensado por el poder del amor.

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